Nadie le dispara a Santa Claus - por Juan Carlos Nogueira
"Nadie le dispara a Santa Claus" se le atribuye a Samuel Butler (aunque antes la usó el político estadounidense Al Smith en 1936).
Smith empleó esa frase para explicar que el votante no se opone a quien le trae beneficios. ¿Qué razón impulsaría a alguien para votar contra un personaje benevolente?
A primera vista es lógico pensar que nadie dispararía contra quien trae regalos... A menos que aparezca otro Papá Noel prometiendo regalos más interesantes.
Eso le pasó a Lacalle. No supo instalar en la mente de los votantes los beneficios que generó su gobierno. Y bien que existieron! Se superó ejemplarmente el COVID. La economía mejoró, así como el empleo, las obras públicas y la salud.
El Frente Amplio en cambio, logró hacer olvidar los desatrosos 15 años de gobierno y apostó a nuevas promesas demagógicas.
Hay que mencionar que Lacalle y sus adalides, facilitaron la tarea frentista. Actualmenre, la gente tiene más presente las mentiras e intentos de ocultar manejos en el caso Marset, o del caso Astesiano, o el affaire Penadés, que los desastres del período frentista (regasificadora, Invitro, puerto de aguas profundas, la quiebra de PLUNA seguida de la farsa con "el señor de la derecha", o la debacle de ANCAP, por citar algunos hitos vergonzantes).
El Frente Amplio sacó provecho de estas debilidades, pese a presentar un candidato incapaz de articular una idea y de tener que revertir los pésimos antecedentes de 15 años de gobierno. La solución fue recurrir a la demagogia.
Si el ejecutivo blanco no ayudó, tampoco lo hizo el Directorio del Partido Nacional. Intentando ser políticamente correctos, se embanderaron con el colectivo LGTB y con el feminismo extremista. Intentaron alejarse de la imagen tradicional del Partido, pero sólo lograron ser una mala copia del mal llamado "progresismo" que ni atrajo progres y sí alejó votantes.
Tampoco ayudaron mucho los socios de la coalición.
Cabildo perdió su credibilidad e imagen gracias a la gestión de Irene Moreira en el Ministerio de Vivienda.
El Partido Colorado (o lo que quedaba de él) careció de figuras de primer nivel. La tardía reaparición de Pedro Bordaberry creó esperanzas en unos y pánico de otros que intentaron y continúan intentando oponérsele, más preocupados por sus intereses mezquinos que por hacer crecer al Partido.
Mieres, desde el Ministerio de Trabajo, hizo una correcta gestión. Pero el Partido Independiente no es atractivo para la derecha, ni para la izquierda.
Si todo lo anterior ya perjudicaba la competitividad electoral de la Coalición Republicana, la fórmula que presentó el Partido Nacional terminó de empeorar la situación.
El Frente Amplio sacó provecho de estas debilidades, pese a presentar un candidato incapaz de articular una idea y de tener que revertir los pésimos antecedentes de 15 años de gobierno. La solución fue recurrir a la demagogia.
No debe sorprendernos entonces que los uruguayos hayan disparado al Papá Noel que trajo regalos tangibles, prefiriendo a otro Papá Noel con antecedentes nefastos, pero con promesas de regalos de reluciente envoltorio y vacío contenido.
Claro, el mundo real, el de la economía y las empresas, el que genera trabajo, no cree en Papás Noel, sino en realidades fácticas. Tal vez esto explique los recientes cierres de varias empresas.
Juan Carlos Nogueira
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