¿Dato mata relato? No lo creo - por Juan Carlos Nogueira

En esta última contienda electoral, sobre todo en el ballotage, se opusieron dos estrategias
bien diferentes. Desde las tiendas de la Coalición Republicana el énfasis estuvo en defender la
gestión del gobierno con datos, mientras que el Frente Amplio apeló a crear un relato y triunfó.
Es obvio que relato mata dato (y no al revés, como mucha gente repite), así lo demuestra la
historia. Sin pretender entrar en una discusión teológica, ni ofender la fe del lector, se puede
comprobar que todas las religiones se construyeron desde relatos. Nunca desde lo fáctico. Uno
puede remontarse a los mitos solares egipcios, o a la mitología griega, o a la romana, para
comprobarlo.
Incluso el judaísmo, el cristianismo, o el islam se basan en relatos incomprobables. Sin
embargo, los creyentes de cada una de estas religiones dan por cierto lo dicho en la Biblia, o el
Corán. Lo mismo sucede con todas las religiones que existieron y existen, siempre se basan en
relatos indiscutidos por acto de fe.
No sólo las religiones han empleado el relato como vehículo movilizador. Cada emprendimiento
masivo de humanos se ha construido desde el relato. Las cruzadas y las guerras santas, son
algunos ejemplos paradigmáticos.
La Revolución Francesa se organizó desde el relato de"Liberté, Égalité, Fraternite ";. Sin duda un
slogan tan motivador como falso. Porque si algo caracterizó a la Revolución Francesa, es que no
logró ni libertad, ni igualdad, ni fraternidad. Apenas cambió a la élite en el poder, impuso el
régimen del Terror, y terminó entronando a Napoleón como emperador y posteriormente a la
monarquía.
Otro notable ejemplo fue la Revolución Comunista de Lenin, que usando el slogan marxista de
la lucha de clases, creó un régimen más despótico que el zarista.
Hitler fue otro hábil aprovechador de los relatos. En Mein Kampf establece claramente un
relato contra los judíos y otro sobre la supremacía racial aria.
Podría seguir citando ejemplos, pero no deseo extender demasiado este texto.
Siendo los humanos seres racionales, parece contradictorio que el relato pueda imponerse a la
verdad fáctica de los datos. Sin embargo, existen al menos tres causas que lo explican:
1. Las verdades tienen el inconveniente de ser tan complejas como la realidad que
explican. Por lo tanto, requieren un mínimo de capacidad de razaonamiento para
comprenderlas. Por otro lado, es erróneo suponer que la gente tiene capacidad
intelectual uniformemente distribuida. Por el contrario, la distribución es normal, es
decir siguiendo la campana de Gauss. Como consecuencia una parte de la población
será incapaz de seguir un razonamiento si este sobrepasa cierto umbral de complejidad.
Los relatos en cambio, no requieren razonamientos complejos. Son fáciles de digerir y
adoptar como credo.
2. Los datos son una expresión fría de la realidad.
Los relatos en cambio, apelan a las emociones y sentimientos de la gente. Se pueden
permitir deformar u ocultar la verdad, apelando a lo emocional y postergando lo
racional.
3. Para divulgar verdades expresadas a través de datos se requieren interlocutores con
capacidad de reproducir razonamientos complejos.
Los relatos en cambio, son muy fáciles de trasmitir. Sólo basta repetir un cuento. Y eso
está al alcance de todo aquel que no sea un discapacitado intelectual.
Es de suponer, que políticos avezados de la Coalición Republicana estén familiarizados con lo
que acabo de exponer. Sin embargo, basaron su estrategia en el dato postergando el
(contra)relato. El debate Delgado-Orsi es el mejor ejemplo. Cabe entonces preguntarse y preguntarles, ¿porqué jugaron a perder?
Juan Carlos Nogueira
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